Foto  
Micobotánica-Jaén
La primera revista digital de Micología y Botánica en castellano. ISSN 1886-8541
spacer
line decor
Micobotánica-Jaén no se hace responsable de los artículos publicados en esta revista, ni se identifica necesariamente con los mismos. Los autores son únicos responsables del copyright del contenido de sus artículos.
 
AÑO VII Nº 2 / ABRIL - JUNIO 2012
Fungi et boleti: Sus utilidades en la cultura clásica
por E. Robles Rey

IES Mar Menor. 30720. Santiago de la Ribera (Murcia) ESPAÑA

Micobotánica-Jaén AÑO VII Nº 2 (2012) ISSN 1886-8541
 
Resumen. ROBLES, E. (2012). Fungi et boleti: Sus utilidades en la cultura clásica.
Si buscamos los orígenes del consumo de setas, se puede hacer un recorrido por la historia, y encontraríamos muestras de ellas en prácticamente todas las culturas. Se tiene constancia, que las consumían los celtas, los griegos, los romanos y que conocían perfectamente sus propiedades culinarias, medicinales y tóxicas. Se sabía que algunas eran alucinógenas y otras letales, utilizándolas algunos para fines asesinos. Las setas crecían silvestres de forma espontánea hasta hace 400 años. Los hongos eran muy apreciados en el mundo antiguo.
Palabras clave: setas, envenenamiento, poderes alucinógenos, Emperador Claudio, Tácito, Suetonio, Marcial, micología, mitos.

Summary. ROBLES REY, E. (2012). Fungi et boleti: Profits in classical culture.

If we look for the origin of mushrooms and toadstools consumption, we can walk throughout history and we would find samples of it in nearly all cultures. There is proof that Celts, Greeks and Romans consumed them and that they perfectly knew their culinary, medicinal and toxic properties. They knew that some of them were hallucinogenic and some others were lethal. These were sometimes used for killing purposes. Mushrooms grew wildy 400 years ago. The fungi were very estimated in the ancient world.
Key words: mushrooms, poisoning, hallucinogens, Claudius, Tacitus, Suetonius, Martialis, micology, myths.
 

A mi amiga y confidente Maite

1. INTRODUCCIÓN

Si buscamos los orígenes del consumo de setas, se podría hacer un recorrido por la historia, y encontraríamos muestras de ellas en prácticamente todas las culturas. En las más antiguas, se usaban los efectos alucinógenos de algunos tipos.

En el Imperio Romano, ya se empieza a conocer el uso y consumo de los hongos y setas de forma habitual, donde esclavos escogidos realizaban su recolección. Los romanos eran buenos conocedores de sus propiedades gastronómicas, medicinales e incluso tóxicas, hecho que demuestra el encuentro de un fresco en la ciudad de Pompeya en el que se puede apreciar un níscalo, además de los populares envenenamientos sufridos por varios personajes. Por su parte también Grecia disfrutó de las setas, y además llegaron a cultivarlas de forma artificial.

2. VALOR CULINARIO

Algunas setas de exquisito sabor deben su nombre a la degustación de los propios césares romanos y como prueba de ello recibieron su nombre (Amanita caesarea). Esta especie fue una de sus especies preferidas, habiendo sido descripta por autores clásicos como Cicerón, Horacio, Suetonio y Séneca. Su adicción a las mismas, le costó al propio emperador Claudio su muerte, al ser envenenado por su esposa Agripina al intercalar junto a esta seta trozos de otra seta mortal (Amanita phalloides) en el plato que habitualmente consumía. El naturalista romano Plinio el Viejo1 establece en sus escritos las primeras normas para distinguir los hongos comestibles de los venenosos.

Los restos procedentes de la civilización Micénica hace unos 3500 años indican que su propio nombre puede deberse a una seta. Pausanias2, en su interesante Descripción de Grecia, recoge una de las pocas leyendas más citadas dentro de la literatura micológica. Existe relación entre la creación de Micenas fundada por Perseo y los hongos.

Como se desprende del texto de este autor, la conocida leyenda sobre el héroe Perseo dice que su nuevo reino recibió el nombre de Micenas como consecuencia de utilizar una seta como vaso improvisado para calmar su sed pues recurrió a la extracción de un hongo del suelo para saciarse. Una vez satisfecho le daría al lugar su nombre.

La propia civilización griega ha dejado múltiples huellas y restos de la presencia y usos de los hongos, incluso se consideraron como alimentos sagrados. Teofrasto, filósofo y naturalista, definió a los hongos como plantas imperfectas, exentas de raíces, de hojas, de flores y de frutos. Dioscórides, médico griego del siglo I, propone una separación entre "Fungi esculenti" y "Fungi perniciosi". Se sabe, por fuentes clásicas, que Grecia disfrutó de las setas, y además llegaron a cultivarlas de forma artificial. De hecho, el nombre de Hongos tiene un origen griego, mykés hongos.

Ya Eurípides describe en sus narraciones una intoxicación de varios miembros de una familia por hongos. Los hongos aparecen en sus escritos y en los de Hipócrates en el siglo V a. de C., y en ambos casos hallamos mencionados algunos casos de intoxicaciones con setas. Por su parte, también los romanos eran buenos conocedores de sus propiedades gastronómicas, medicinales y tóxicas.

Por tanto, si quisiéramos buscar los orígenes del consumo de setas, se podría hacer un recorrido por la historia y encontraríamos muestras de ellas en prácticamente todas las culturas. Los hongos eran muy apreciados en el mundo antiguo. Como hoy día, dos eran los inconvenientes que presentaban estos alimentos, su escasa disponibilidad a lo largo del año, lo que obligaba a buscar técnicas de conservación, y la peligrosidad de su consumo, si no se sabía diferenciar los tóxicos de los comestibles. En la Antigüedad la mayoría de la población sólo tenía dos vías de conocerlas con certeza: correr el riesgo de la experimentación o la observación animal. Eran muchas las creencias que la mentalidad del mundo antiguo sostenía sobre los hongos. Dioscórides3 recoge algunos factores como el hecho de crecer en las inmediaciones de las cuevas o que nacieran cerca de árboles especialmente dañinos. G. Magiulli4 plantea una tercera vía para saber si una seta era o no comestible: la religión, pues no hay que olvidar que entre los antiguos existía la creencia de que la sombra de algunos árboles resultaba perniciosa. Por eso, algunos de ellos eran considerados sagrados y estaban vinculados a determinadas divinidades. Entre los romanos la encina cuyo fruto había ampliado la dieta de los hombres en el comienzo de los tiempos, era el árbol sagrado de los pastores y se encontraba consagrada a Júpiter, nunca podría haber producido setas venenosas, eran altamente apreciadas y casi consideradas como un regalo de los dioses. Todo lo contrario ocurría con las nacidas bajo los robles, las encinas, los olivos y granados, además del ciprés, que estaba vinculado a Plutón y era considerado símbolo del luto, motivo por el cual las setas y los hongos que crecían a sus pies fueron consideradas también portadoras de la muerte. Toda planta nacida bajo dichos árboles resultaría tóxica.

En los escritos de médicos, filósofos y naturalistas griegos y romanos, tales como Teofrasto, Plinio el Viejo, Galeno y Dioscórides, hay extensas referencias a los peligros del consumo de setas.

¿Quién puede distinguir (las setas venenosas de las comestibles) a no ser los hombres del campo que habitualmente los recolectan? Plinio, Nat. Hist 22; 94

Plinio, en su Historia Natural de la que se conservan treinta y siete libros y en la que trata materias como la Botánica, Medicina, Cosmología y Mineralogía, nos describe cómo la plata podía ser un elemento de seguridad. El naturalista latino recoge que los hongos eran el último descubrimiento gastronómico y que recurrían quizás a cuchillos de ámbar y accesorios de plata para detectar aquellos menos deseables.

Dífilo nos llega en el siglo III a.C. y consideraba que, al hervir los hongos, si se volvían negruzcos o se endurecían sería síntoma inequívoco de peligrosidad. También aporta algunos remedios para evitar sus venenos como añadir miel, sal o vinagre.

“Son inapropiadas para comer las negras, lívidas y duras, y las que después de hervir y servidas se endurecen, las cuales producen la muerte al ser consumidas (...) Las más apropiadas para comer son las muy finas, tiernas y fáciles de romper que nacen en los olmos y pinos”.

Nicandro de Colofón, que escribió un poema estrictamente didáctico, las Geórgicas, consideraba las setas como una especie de fermento mortífero que se relacionaba con el veneno de las serpientes. Tenía la creencia que eran comestibles aquellas que nacían a los pies de las higueras, los pinos y los olmos.

“Cuando, tras esconder profundamente en estiércol un tallo de higuera, lo mojes con aguas siempre corrientes, le nacerán en las raíces setas inocuas; de ellas, tú la ya crecida no la cortes baja, por la raíz.”

“Aborrecibles sufrimientos están guardados en el olivo, el granado, la encina y el roble: las asfixiantes cargas que llevan pegadas de setas tumefactas”.

Nicandro, Geórgicas (79,78):

Se les consideraban alimentos importantes con un alto valor culinario en el menú diario, por su alto contenido proteínico y eran considerados afrodisíacos, junto a otros productos como la cebolla, los ajos y los espárragos conociendo ya muchas variedades de las mismas y diferenciando fundamentalmente dos tipos: Fungi, nombre que recibían los silvestres, y Boleti, nombre que recibían los cultivados en huertos. Ese alto valor culinario lo demuestra un fragmento de la obra de Petronio El Satiricón5 donde el protagonista Trimalcón manda traer setas de la India para cultivarlas y así asombrar a sus comensales.

Fíjate en estos días ha escrito para que le manden desde la India simiente de champiñones (...).”

También Séneca6 afirmaba que los hongos eran señal de tempestad, vientos y lluvias. Muchas de estas creencias sobreviven a lo largo de los siglos adaptándose a los procesos y cambios históricos hasta la actualidad.

Pero la prueba más evidente de la correspondencia del valor culinario y la alta calidad de vida son las recetas que podemos encontrar en De re coquinaria de Marcus Gavius Apicio7 que data del siglo III de nuestra era donde se incluyen recetas con boleti, uno de los nombres genéricos de la seta en latín, con fungi farnei (setas de fresno) y las trufas, la aristocracia de las setas y uno de los manjares más exquisitos (tubera).

Eran el ingrediente básico de la gustatio o entremeses, pues consideraban que estimulaban el apetito. Su consumo variaba: si eran de temporada, se tomaban en crudo, asados con un pincho sobre las cenizas; pero si estaban deshidratados, era necesario hervirlos con sal, vinagre y miel. También se recomendaba servirlos con estos mismos ingredientes, para reducir sus efectos nocivos. Para poderlos consumir durante todo el año se conservaban secos en recipientes sellados, en los que se alternaba una capa de hongos y otra de serrín, y tras enyesar la tapa, se dejaban en un lugar seco. Las propiedades que se les otorgaban eran múltiples: nutritivas, sabrosas, con alto contenido proteínico y laxantes, aunque producían flatulencias por ser indigestas.

También el autor latino Ovidio nos acerca a uno de los pocos datos que relacionan a estos pequeños seres vegetales con la mitología. En su obra Metamorfosis8 en el episodio que hace referencia a la huida de Medea de Grecia tras engañar a las hijas del rey Pelias para que mataran a su padre (VII, vv 390-395). En su largo recorrido la hermana de Circe llegará a la ciudad de Efera, también llamada la puerta del Hades debido a su oráculo. Es en esta zona donde los antiguos contaban que en el comienzo de los tiempos surgieron de la tierra cuerpos humanos a partir de hongos nacidos tras las lluvias.

Los romanos también conocieron las propiedades de los hongos, como se deduce en las Geórgicas de Virgilio que presenta un modelo didáctico similar a Los trabajos y los dias de Hesiodo, pues versa entre el ganado, el cultivo de la vid y la agricultura y reflexiona en un párrafo de esta obra sobre cómo chisporrotean las lámparas a la llegada del mal tiempo al observar como a su lado de la lámpara se iba formando un hongo blando, señal inequívoca de la proximidad de las tormentas.

Pero pese a que eran grandes conocedores de las setas silvestres, pues diferenciaban las venenosas de las comestibles, consideraban que muchas nacidas de la tierra matan por asfixia. Por lo que nos cuentan las fuentes podemos conjeturar que temían las intoxicaciones por el consumo de algunos tipos de setas, por lo que Plinio recomendaba ante intoxicación provocar el vómito, tomando hidromiel, miel avinagrada, soda o vinagre.

Es preciso entrar a valorar también el papel que juegan las tormentas en el nacimiento de los hongos; el autor latino Juvenal9 en una de sus sátiras vuelve a incidir en el papel que juegan las tormentas en el nacimiento de los hongos. En la quinta habla de las trufas en el final del banquete, momento en el que aprovecha para decirnos que se producen en primavera y señalan relación con los truenos.

“Nada mejor puede esperar el pariente de un joven que ha aprendido de su padre y su encanecida gula a rascar las trufas, a condimentar las setas…”

Juvenal. Sát, 14,6-10

3. ENVENENAMIENTOS

Mucho se ha escrito sobre las circunstancias que rodearon la muerte del emperador Claudio (10 a.C - 54 d.C). Los historiadores antiguos (Suetonio, Tácito) nos llevan a pensar que su muerte se debió a una conspiración de su cuarta esposa Agripina que le sirvió de un plato de setas envenenadas.

Si las setas eran un manjar indispensable en la mesa de la gente influyente de la antigua Roma, también habían de estar en los banquetes del Emperador. Ya se decía que Nerón lo consideraba alimento de los dioses. Además la Amanita caesarea, muy apreciada en la antigüedad, siendo la reina de las setas, debe su nombre al hecho de ser la preferida de los césares.

Según Tácito, Nerón es responsable del envenenamiento de Británico, utilizando el mismo método que el aplicado con Claudio, pues a la edad de catorce años fue envenenado con setas durante una cena a la que asistieron su hermana Claudia Octavia y su madrasta Agripina.

También Plinio el Viejo9, el naturalista más importante de la antigüedad, describió especies como Amanita muscaria, y advirtió del peligro de confundir las setas comestibles con las venenosas. Las citas de hongos en tratados botánicos aparecen dispersas acá y allá en la antigua Grecia. El mejor ejemplo es el de Teofrasto (370-287 a.C.), que describió a los hongos como "plantas imperfectas" en su obra Historia de las plantas. Prueba de ello fue el popular hecho del envenenamiento del emperador Claudio por una Amanita phalloides, seta que mató a Claudio que según Juvenal “tras la cual nunca ya volvió a comer”. El nombre de la especie se debe a la similitud de la seta cuando es joven con un falo.

También Eurípides (480-406 a.C.), uno de los más grandes poetas griegos, perdió, durante un viaje a la isla de Icaria (en el mar Egeo), a su esposa, sus dos hijos y su hija, que consumieron amanitas mortales. Para Roger Heim esta versión sería falsa y correspondería una mala interpretación de una cuádruple intoxicación mortal ocurrida en aquella isla. Sería, en opinión del micólogo francés, una de las muchas deformaciones o invenciones que sufrió la biografía del poeta en manos de biógrafos posteriores. Sin embargo, se trata de una referencia auténtica a un episodio de intoxicación por setas con consecuencia de muerte. Este epigrama de Eurípides sobre la muerte por asfixia de una familia por comer setas silvestres lo demuestra:

“¡Oh, tú que hiendes la esfera inmarcesible del cielo, Helios!
¿Has visto antes con tu ojo un infortunio semejante?
Una madre, una joven doncella y dos hermanos de una misma sangre,
muertos todos a la luz del mismo día fatal”
.

Del mismo modo, Hipócrates (460-377 a.C.), en el año 400 a.C., relata que la hija de Pausanias, príncipe de Lacedemonia, tras comer una seta cruda, presentó náuseas, opresión y dolor abdominal. Todo ello remitió con una copa de hidromiel y un baño caliente. Esta descripción corresponde sin duda a una gastroenteritis por setas. En especial, tenían un gran aprecio por la Amanita caesarea, una seta comestible excelente, muy apreciada por los antiguos romanos. En opinión de Moselio Schaechter, eminente microbiólogo norteamericano y entusiasta micólogo amateur, ésta puede haber sido la seta que Marcial invocó en un epigrama:

El oro, la plata un fino mantón pueden ser fácilmente enviados con un mensajero. ¡Pero confiarle unas setas es muy arriesgado!

La existencia de especies tóxicas mortales entre las amanitas condujo a que entre los romanos menudeasen las intoxicaciones, que afectaban en ocasiones a colectivos numerosos. Tal fue el caso de un banquete celebrado en tiempos de Nerón, en el que fallecieron todos los asistentes, incluido Anneus Serenus, amigo muy querido de nuestro Séneca. Ello llevó a este filósofo a escribir de las mortales amanitas lo que sigue:

Quid! Tu illus boletus, voluptuarium venenum...

Séneca se refiere a las amanitas, a las que califica de "veneno voluptuoso", a pesar de utilizar el término boletus. No pensemos que nuestro gran filósofo sufre un error de nomenclatura: en realidad, los romanos llamaban boletus a las amanitas. Es curiosa la relación que existe entre los hongos y los lugares, pues no resultaría extraña si tenemos en cuenta el origen de la palabra boletus que para algunos autores sería la derivación volites que para otros sería al contrario, es decir, que la palabra griega provendría de una latina, un latinismo. Pero posiblemente el caso más célebre de intoxicación por Amanita phalloides de la antigüedad no fue un accidente, sino que se trató de un envenenamiento criminal, intencionado. Nos referimos a la muerte del emperador Claudio (10 a.C. - 54 d.C.). Conocemos hoy día la trama de este acontecimiento. En su libro Les Champignons Toxiques et Hallucinogénes, Roger Heim  y los trabajos del literato Robert Graves, el mejor biógrafo de Claudio. En el año 41 d.C., Claudio había sucedido a Calígula. Poco más tarde, su cuarta esposa, Mesalina, a la que haría ejecutar en el año 48 por hallarla culpable de adulterio, le dio un hijo, Británico. Posteriormente, Claudio se casó con la hermana de Calígula, Agripina, quien de un matrimonio anterior con Domicio tenía un hijo, Nerón, tres años mayor que Británico. Agripina esperaba que su hijo Nerón -a manos del cual moriría después- sucedería a Claudio, que lo había adoptado. Pero el emperador, con su lógica de hombre, aunque un poco débil, honesto, esperaba que a su muerte Británico, su propio hijo, cederle el trono imperial de Roma. Agripina no vio más que una salida: asesinando a Claudio, ella abriría el camino hacia el trono a Nerón, hijo de su propia sangre. Es opinión unánime que murió envenenado, pero existen versiones sobre quién y cuándo fue envenenado, algunos piensan que fue el eunuco Haloto, catador de sus alimentos cuando fue invitado a una cena en el Capitolio, otros afirman que fue la propia Agripina que en una comida ofrecida en palacio le obsequió con una seta envenenada, género de manjar al que era muy aficionado. Circulan también muchas versiones de cómo sucedieron los acontecimientos. Algunos piensan que perdió el habla tan pronto como hubo ingerido el veneno y que murió cerca del amanecer, después de haber pasado toda la noche con intensos dolores. Dicen otros que quedó aletargado, luego viniéndole a la boca los alimentos, vomitó todo lo que había ingerido, en vista de lo cual le suministró una segunda dosis, no se sabe si mezclada con un papilla bajo el pretexto de que necesitaba tomar algo, haciéndole creer que empachado por el exceso de comida se sentiría aliviado con una evacuación de esta índole.

Nerón participó sin duda del secreto, puesto que con motivo de un banquete celebrado algún tiempo después en el que se servía la Amanita de los césares, y como respuesta alguien que sugirió que las setas eran alimento de los dioses, Nerón afirmó: "Sí. Ellas han hecho de mi padre un dios...". Se refería al hecho de que los emperadores romanos eran deificados a su muerte, tal y como había ocurrido con Claudio.

4. EFECTOS ALUCINÓGENOS

Los cultos mistéricos eran un conjunto de prácticas religiosas cuyo sentido más profundo se nos escapa, porque los griegos tenían prohibido revelarlo bajo pena de muerte. De ahí su nombre de misterios, siendo los más famosos los de Eleusis. Sólo aquellos pocos que realizaban todas las ceremonias y adquirían la condición de iniciados podían acceder a lo más importante, y sólo ellos supieron lo que oían, veían y sentían; así como el carácter de las trasformaciones espirituales que debían haber conseguido.

El santuario de Eleusis situado a pocos kilómetros de Atenas y consagrado a la diosa Démeter tenía su origen antiquísimo y fue haciéndose cada vez más grande y lujoso. Contaba con una pieza reservada, el adytón donde solo podía entrar el hierefonte supremo sacerdote y celebrante de los misterios porque allí se guardaban los objetos sagrados que no sabemos en realidad lo que eran.

Las narraciones que nos hablan sobre el mito de Démeter han sido trasmitidas a través del himno homérico a Démeter que nos habla de los secretos de la agricultura, la fertilidad y la propia vida celosamente protegidos y ostentados por las sacerdotisas herederas del periodo matriarcal. El mito también nos sugiere la lucha y conflictos entre los patriarcas para hacerse con el poder jerárquico y el control de la economía y también para acceder al conocimiento chamánico estrechamente ligado con el uso de ciertas plantas psicoactivas y sedantes.

El prestigioso escritor y mitólogo Robert Graves se vio obligado a revisar y corregir su célebre obra Los mitos griegos, y en la última versión actualizada nos comenta lo siguiente:

Recientemente he vuelto a meditar acerca del dios Dionisio y de su salvaje banquete otoñal y también sobre la naturaleza de la ambrosía y de otros néctares divinos. Tanto las ménades como los centauros y los sátiros utilizaban vino y cerveza para poder pasar los tragos de una droga mucho más dura: la Amanita muscaria, que producía alucinaciones, desenfrenos insensatos, visión profética, energía erótica y una notable fuerza muscular.

Varios años antes de que Graves revisara Los mitos griegos, el micólogo R. Gordon Wason había identificado el principio activo de la pócima ritual con una variante asiática de este potente hongo psicoactivo, la Amanita muscaria, cuya forma ya aparece tallada en algunas antiquísimas esculturas y en un espejo etrusco a los pies del mítico héroe Tesalio Ixión, el que bebía ambrosía con los dioses y de quien según la tradición descendían los centauros.

5. CONCLUSIÓN

La cantidad de información que nos trasmiten las fuentes clásicas es muy abundante con lo cual conocemos su origen misterioso, el miedo a envenenarse, su valor gastronómico y la fantasía que contribuirían a la creación de importante corpus de mitos populares. La mayoría de la población de la antigüedad sólo tendría dos formas de conocer las setas con certeza: correr el riesgo de la experimentación, observación y religión, pues no hay que olvidar que las supersticiones estaban muy arraigadas en este pueblo.

6. BIBLIOGRAFÍA

5.1. Fuentes antiguas.
 
Suetonio. La vida de los doce Césares. Iberia. Madrid. 1972.
   
5.2. Fuentes modernas.
 
M. Martínez Montiño. Historia de la gastronomía española.
 
Daniel Becerra. UNED C.A. de Las Palmas. Creencias y utilidades de las setas y los hongos en el mundo antiguo: entre lo real y lo imaginario.

______________________________________________

(1) Plinio el Viejo, Historia Natural. Biblioteca Clásica de Gredos.
(2) Pausanias, (1994) Descripción de Grecia. Biblioteca Clásica de Gredos.
(3) Dioscórides, IV, 82, 1.
(4) Maggiulli, G. (1977), Nomenclatura micológica latina, pp.78-79.
(5) Petronio, Satiricón 38,4. Alma Mater.
(6) Séneca. (1979) Naturales Quaestiones. Traducción de C. Codoñer Merino. Madrid. Consejo Superior de Investigaciones Científicas.
(7) Apico, De re coquinaria, libro 7.
(8) Ovidio, (1995) Traducción A. Ramírez de Verger y F.Navarro Antolín. Alianza. Madrid. Metamorfosis.
(9) Plinio el Viejo, 31, XXII, 92,96-9.
(10) Juvenal., Sát V,114-118.